Las Canteras, un patrimonio excepcional. – VI. Marcas de cantero y signos lapidarios

Quien accede por primera vez a una cantera de la Sierra de San Cristóbal suele quedar impresionado por la magnitud del espacio excavado. Sin embargo, más allá de la escala de sus galerías, hay un elemento que pronto capta la atención: los signos grabados en la piedra. Cruces, letras, fechas y figuras (FOT. 1- 4) aparecen repartidos por paredes y techos como un lenguaje silencioso que invita a ser interpretado. Su presencia suscita preguntas inevitables: ¿quién los realizó?, ¿con qué intención?, ¿pertenecen realmente al periodo de explotación? Son, en muchos casos, las últimas huellas de quienes trabajaron —y en ocasiones murieron— en estos espacios.

No todas las marcas responden al mismo origen. Algunas presentan rasgos que permiten asociarlas con mayor probabilidad a los antiguos trabajadores: ubicación en altura, desgaste, profundidad del trazo o coherencia geométrica. Otras, en cambio, evidencian intervenciones recientes. La acción vandálica contemporánea ha alterado parcialmente estos espacios, dificultando la distinción entre lo histórico y lo añadido. Afortunadamente los vándalos son lo suficientemente torpes como para permitirnos realizar la distinción. Una marca auténtica no se improvisa ni es asimétrica, suelen responder a ritmo de trabajo, herramienta y contexto.

Su estudio pertenece a la gliptografía, disciplina que analiza los signos tallados en piedra. Conviene distinguir entre signo lapidario y marca de cantero (FOT 5). El primero engloba cualquier grabado realizado sobre piedra con una finalidad concreta; el segundo hace referencia a aquellas marcas vinculadas al trabajo de la cantería, generalmente con funciones organizativas o de control. En muchos casos, funcionaban como una firma: permitían saber quién había tallado cada pieza… y cuánto debía cobrar. Durante el siglo XIX se les atribuyeron significados esotéricos hoy descartados: la investigación actual señala su carácter fundamentalmente práctico, aunque influido por el contexto cultural y religioso.

En San Cristóbal, sin embargo, el conjunto presenta particularidades. La abundancia de cruces y motivos religiosos sugiere que muchas de estas marcas no responden únicamente a fines técnicos. Las condiciones de trabajo —riesgo constante, esfuerzo físico y largas jornadas— favorecieron la presencia de elementos vinculados a la fe y la protección. Trabajar en cantera implicaba convivir a diario con el derrumbe, enfermedades respiratorias y la posibilidad real de no salir. En este contexto, los signos pueden interpretarse como expresiones de devoción o como amuletos frente al peligro.

La variedad formal refuerza esta lectura. En la sierra se documentan distintas tipologías de cruces —patriarcal, potenzada, del calvario, entre otras — junto a monogramas y símbolos geométricos (FOT 6). Su reiteración no parece casual, sino coherente con un entorno donde el trabajo y la espiritualidad convivían de forma estrecha.

Algunas hipótesis apuntan a una posible relación con las cruces de consagración presentes en templos medievales, utilizadas para bendecir y proteger los espacios (FOT 7). Aunque no existe evidencia concluyente, las similitudes formales —especialmente en el uso del color rojo— sugieren una conexión simbólica plausible. En las iglesias solían ser doce; en la cantera, en cambio, actualmente aparecen sin orden, casi como impulsos individuales. No sabemos si en origen fue así o simplemente interpretamos con el material histórico del que disponemos.

A pesar de los avances, la interpretación de estos signos sigue siendo en muchos casos incierta. La falta de estudios sistemáticos y el deterioro progresivo de las canteras dificultan su análisis. Cada pérdida implica la desaparición de información valiosa sobre el pasado del lugar.

Más allá de su significado exacto, los signos lapidarios de San Cristóbal constituyen un testimonio directo de la relación entre el ser humano y la piedra. Reflejan formas de trabajo, creencias y modos de vida que forman parte de la historia del territorio. Su conservación no es solo deseable, sino necesaria para preservar una memoria que, de otro modo, está desapareciendo y desaparecerá con la propia roca (FOTO 8).

Alberto Castrelo

1. Cruz bizantina en la cantera del Civil
2. Medallón en homenaje a Joaquín Rodrígues, cantera de la Mujer. Se lee textualmente “A la memoria de Joaquin Rodrigues”
3. Bajorrelieve ubicado en la cantera del Civil. Actualmente parte de la placa que componía este signo lapidario está derruida. Hasta 2022 fue totalmente legible
4. Signo lapidario con el nombre de Pablo Ortega, fecha de 1833 y cruz.
5. Imagen referente a marca de cantero obtenida de https://signoslapidarios.com
6. Signos lapidarios encontrados en las canteras durante el estudio de la zona para el libro de Alberto Castrelo, «Canteras de San Cristóbal …2022»
7. Inscripción lapidaria – “Pica i trabaja cantero no le temas al derrumbio que en estando bien con Dios con gusto se deja el mundo”. Junio 24 de 1848. Fotografía cortesía de Miguel Sánchez Lobato
8. Estado de deterioro que presenta el medallón en la entrada de la cantera del Civil. Representa el apóstol peregrino con su sombrero

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