Las Canteras, un patrimonio excepcional VIII. – Grandes proyectos y vida cotidiana en las canteras

El descubrimiento turístico

Los años veinte y treinta. Las canteras de la sierra de San Cristóbal llevan siglos siendo mucho más que simples yacimientos de arenisca (FOT. 1). El primer tercio del siglo XX supuso un momento de ebullición: España articulaba su primera política turística pública y El Puerto encontró un hueco en las guías de viajeros. La Guía de Cádiz para uso del turista de 1930 les dedicaba una sección exclusiva, situándolas junto a los castillos de la provincia como uno de los atractivos más singulares de la región

Aquel año recibió la visita del Touring Club hispano-portugués y del recién creado Instituto Colombino (FOT. 2). La más sonada fue la del rey Alfonso XIII, en octubre de 1930: las galerías se engalanaron con guirnaldas vegetales y el monarca propuso convertir las canteras en un Parador de Turismo (FOT. 3).

De templo del turismo a polvorín militar

En enero de 1937, en plena Guerra Civil, el Ejército del Sur envió una comisión para estudiar las canteras como almacén de munición y pólvora. Reunían todas las condiciones: bien comunicadas, próximas a la estación ferroviaria de El Portal y ocultas desde el aire por la vegetación. Los inconvenientes no tardaron en aparecer: las lumbreras permitían la entrada de agua y la falta de ventilación dañaba el material almacenado. Para resolverlo se abrieron nuevas lumbreras y se elaboraron informes sobre temperatura y humedad.

A partir de 1939 se acometieron obras definitivas: bóvedas de ladrillo en las lumbreras, entarimado de madera —sustituido luego por losa de hormigón— e instalación de vías Decauville para transportar el material en vagonetas. La demanda de espacio no cesó y lo que comenzó como solución provisional acabó ocupando casi 200 hectáreas. En 1957 devolvió 92 hectáreas a El Puerto y el Ministerio se quedó con las 66 hectáreas actuales. El Ministerio de Defensa mantuvo estos terrenos hasta 2009, cuando los desafectó, aunque sigue siendo su propietario legal.

Vivir dentro de la piedra

Mucho antes de que militares o periodistas pusieran sus ojos en las canteras, estas ya eran hogar. La primera vivienda que habitó una de aquellas familias no superaba los veinticinco metros cuadrados divididos en dos habitaciones, donde convivían doce personas. Los colchones eran sacos rellenos de paja; el sustento dependía de unas pocas cabras, gallinas y algún cerdo. Para hacer habitables los espacios se levantaban tabiques, se enlucían las paredes y se tallaban hornacinas para guardar los utensilios.

La cal era la herramienta principal: además de dar luz a los paramentos, actúa como fungicida natural. La temperatura, en cambio, se regulaba sola: ni en verano hacía calor ni en invierno frío. Al despedirnos, los vecinos que me acompañaron resumieron con sencillez lo que ningún documento podría explicar mejor: «La vida entonces no era sencilla, pero era muy bonita» (FOT. 4).

Las leyendas de la sierra

La más conocida da nombre a la cueva más famosa, la de ‘la Mujer’. Según la versión más oscura, a mediados del siglo XVIII una joven gitana huyó de las tropas que aplicaban una cédula real de Felipe V y se refugió en las galerías, donde vivió escondida durante años. Un desprendimiento la sepultó mientras gritaba sin que nadie acudiera. Desde entonces, según la superstición local, su figura recorre las galerías cada madrugada reprochando a quien se adentre que «ha llegado tarde».

Luego está el episodio de El Lute. Eleuterio Sánchez huyó en Nochevieja de 1970 del penal portuense y pasó toda una jornada escondido en la copa de un pino mientras las patrullas pasaban a escasos cien metros. Al caer la noche se refugió brevemente en la cantera de las Cadenas, donde uno de los vecinos que años después me acompañó por la sierra se lo encontró de niño guardando ovejas. Solo agua, y cada uno siguió su camino.

Cien años de promesas rotas

En 1930 un rey propuso un parador. En 1931 llegó la República y todo quedó en nada. En 1937 llegaron los militares y se quedaron setenta años. En los años noventa y dos mil llegaron los estudios académicos, los reportajes televisivos y los cursos universitarios. En 2008 un proyecto de la arquitecta María Llerena Iñesta fue premiado en la Bienal Europea de Arquitectura.

Cuatro décadas lleva Diego Ruiz Mata soñando con devolver la sierra a la ciudadanía. Tierras de Sidueña, la Asociación Amigos de la Sierra de San Cristóbal y a asociación Betilo, y muchos otros persiguen el mismo objetivo. Más de cien años de artículos, visitas reales, guías turísticas, proyectos premiados y promesas políticas. Y las canteras siguen ahí, con la basura acumulada en los accesos, los temporales erosionando la arenisca y el abandono como único inquilino estable. El patrimonio más singular de esta tierra lleva un siglo esperando que alguien, de una vez, cumpla su palabra.

Alberto Castrelo

1. Habitante de una de las cuevas junto a sus mascotas. Foto cortesía de Miguel Sánchez Lobato. Remasterizada y coloreada mediante IA
2. Visita turística a la cueva de La Mujer a finales de los años veinte del pasado siglo. Remasterizada y coloreada mediante IA
3. El rey Alfonso XIII con el alcalde Ruiz Golluri en su visita a las canteras en 1930. Remasterizada y coloreada mediante IA
4. Familia junto a visitantes en una cueva cantera usada como vivienda. Foto cortesía de Miguel Sánchez Lobato. Remasterizada y coloreada mediante IA

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