Si vas con prisas por la plaza de las Galeras, seguramente ni levantes la vista del móvil. Pero, por favor, detente un segundo. Mira hacia arriba, a la cornisa de la fuente. Lo que verás no es «naturaleza» en libertad; es una maleza descontrolada que está comprometiendo la integridad de un monumento clave del siglo XVIII.
La Asociación BETILO trabaja incansablemente para que El Puerto de Santa María recupere su patrimonio, cuidando cada detalle con el rigor y el cariño de quienes aman de verdad su tierra. Sin embargo, parece que esta urgencia no termina de encontrar el cauce de actuación necesario en la gestión municipal. El patrimonio no se custodia solo, y menos cuando la vegetación decide que un monumento de 1735 es el mejor lugar para echar raíces.
No estamos ante una fuente cualquiera. Esa piedra que hoy vemos colonizada por los jaramagos fue levantada por Bartolomé Mendiola en los tiempos en que El Puerto de Santa María era el centro del mundo. De esos mismos grifos de bronce salía el agua para la flota de Indias; el chorro de los manantiales de La Piedad era el último sabor a tierra que se llevaban los marineros antes de cruzar el Atlántico. Aquella fuente era, literalmente, un seguro de vida en alta mar.
Lo que muestran las fotografías no es una estampa bucólica, sino una degradación activa. Las raíces se meten por las juntas de la piedra calcarenita de la Sierra de San Cristóbal, absorben la humedad y, poco a poco, van reventando los bloques. Es una demolición que ocurre delante de nuestros ojos.
¿Es realmente tan complejo intervenir con una labor de mantenimiento básica antes de que la piedra se raje definitivamente? A menudo se nos llena la boca hablando de la «Ciudad de los Cien Palacios», pero permitimos que nuestra principal fachada marítima ofrezca una imagen de abandono. Ya no hace falta dar de beber a la flota de Felipe V, pero sí es exigible un mínimo de respeto por nuestra historia. Nos duele ver cómo nos acostumbramos a que nuestro pasado esté convertido en un jardín descuidado.
Si la maleza ataca por arriba, el uso indebido del espacio público lo hace desde el suelo. No podemos alzar la voz por los jaramagos que revientan la sillería de Mendiola y, al mismo tiempo, ignorar lo que sucede cada fin de semana en su entorno inmediato. La actividad del ocio nocturno colindante ha convertido, de facto, el entorno de la Fuente de las Galeras en una extensión del negocio. El paseo público, que debería ser un lugar de tránsito y contemplación, se ve constantemente invadido por una aglomeración que dificulta el paso. El derecho de los ciudadanos al disfrute de su patrimonio no puede verse supeditado a intereses privados.
Si El Puerto de Santa María aspira a ser un destino de calidad y orgullo histórico, no puede permitirse este descontrol en su fachada marítima. Al no corregir ni la vegetación ni la ocupación del suelo, una parte fundamental de nuestra identidad se desvanece.
Desde BETILO entendemos que el patrimonio de El Puerto de Santa María es, ante todo, el alma compartida de nuestra ciudad. Nuestra aspiración es que el legado para las próximas generaciones conserve toda su integridad y esplendor. Por ello, es el momento de retirar la maleza que asfixia nuestros monumentos y dejar que la historia vuelva a respirar. Apostamos por una gestión rigurosa y comprometida que garantice la protección de lo que, en esencia, nos define. Es nuestra responsabilidad colectiva impedir que el descuido borre nuestras huellas. ¡Menos maleza y más respeto!
A. Leal Jiménez






