La Šiḍūna almohade fue la última población que existió en la Sierra de San Cristóbal, en Doña Blanca y su entorno. La incorporación de su término al de Santa María del Puerto en 1284 no conllevó la ocupación poblacional de la Sierra, al igual que pasó con las once alquerías o aldeas andalusíes que se distribuían por la campiña. Desde entonces San Cristóbal iba a ser, sobre todo, abastecedora a El Puerto de sus tres recursos principales: la piedra de sus canteras, el agua de sus manantiales y el fruto de sus huertas, las afamadas huertas de Sidonia o Sidueña labradas al pie de Doña Blanca. El resto eran terrenos baldíos de los Propios de la ciudad.
Los canteros fueron casi los únicos moradores de la Sierra. Mediado el s. XIX (en dato de 1857) eran 80 los que trabajaban en las 29 canteras entonces activas; y con ellos, los carreteros. Cuando las canteras tradicionales dejaron de explotarse hacia 1905, algunas cuevas-canteras comenzaron a habitarse, principalmente las del entorno del actual Poblado de la Sierra (FOT. 1) y las que existieron hasta comienzos de la década de 1970 frente al acceso a la carretera de El Portal, que eran canteras a cielo abierto a modo de callejones.
También fueron las ‘cuevas’ durante los ss. XVIII-XIX lugares propicios para el refugio de partidas de bandoleros y gente de mal vivir. Así fue desde mucho tiempo atrás, como el caso de Juan de Dios Parada, un ermitaño que en 1569 andaba por Jerez pidiendo limosnas en nombre de la orden de San Juan de Dios, pero cuando acumuló una buena suma de dinero se dio el piro y se escondió en una cueva de la Sierra, donde fue encontrado y en Jerez ahorcado.
La carretera que cruza la Sierra –la de El Portal– se abrió a comienzos de la década de 1790. En el Puerto de Las Cruces, mal subsisten las dos columnas, apoyadas en altos pilares de arenisca de la Sierra, que a cada lado del camino marcaban la divisoria de los términos de Jerez y El Puerto. Las columnas estaban rematadas ––hasta que las robaros a comienzos de la década de 1990– por bonitas cruces radiadas de hierro forjado (FOT. 2). Desconocemos la fecha de su construcción, con seguridad antes de 1873 (mencionadas por el Padre Coloma en la novela Caín). Antes de habilitarse el camino, el acceso a la Sierra desde El Puerto se hacía, probablemente ya en tiempos de al-Qanāṭir y Šiḍūna, por el camino de Sidueña, que transcurría, y en buena parte aún transcurre, inmediato a las marismas del Guadalete para desembocar frente a Doña Blanca.
Un espacio tan aislado y solitario como la Sierra también era el indicado para que tropas militares realizara maniobras. A los ejercicios realizados en 1917 por un regimiento de Jerez corresponde la FOT. 3.
Pero la presencia militar en la Sierra se iba a hacer presente de forma continuada después de que el 18 de agosto de 1947 explotaran los almacenes de la Base de Defensas Submarinas de la Armada en el gaditano barrio de San Severiano. Tras la tragedia, los explosivos de la Armada se trasladaron a las mayores canteras-cuevas de San Cristóbal (Marmolejo Grande, La Mujer, El Gigante, Navarro, El Higuerón…) y, en término jerezano, al frontero cerro del Rancho de la Bola. En 1989 se desmantelaron los polvorines, en 2002 se desafectaron parcialmente y en la actualidad los terrenos (66 hectáreas) siguen gestionados por el Ministerio de Defensa a la espera –larga espera– de su reversión al Ayuntamiento.
A partir de la década de 1950 la Sierra iba a sufrir una considerable merma en su superficie con la apertura de dos grandes canteras de áridos a cielo abierto en la falda sur del cerro de San Cristóbal y en el de Buenavista, entre la cuesta del Chorizo, la carretera de El Portal y la autovía Jerez-Puerto Real (FOT. 4).
En 1957 se inauguró en la cima del cerro de San Cristóbal una importantísima infraestructura hidráulica derivada del embalse de Los Hurones: los Depósitos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, que mejoró notablemente el abastecimiento de agua potable a los municipios de la Bahía. Los cinco depósitos reguladores, con capacidad para 200.000 m3, conforman una impresionante y hermosa obra de ingeniería excavada en la calcarenita del cerro (FOT. 5). En lugar anejo se levantó en 1962 la torre repetidora de TVE.
Al exterior de las instalaciones de la Confederación se encuentra Los Pocillos, el aliviadero escalonado de los depósitos que encauza el agua excedente al arroyo Carrillo o Matarrocines que transcurre al pie de la Sierra (FOT. 6). Otras infraestructuras hidráulicas anteriores subsisten en las zonas bajas de la Sierra, como el Depósito de La Cascada, de 1874, junto a la carretera de El Portal (FOT. 7).
A fines de la década de 1920 comenzó el interés ciudadano por contemplar a la Sierra como espacio lúdico, organizándose excursiones a las canteras-cuevas (FOT. 8). El propósito de abrir las canteras al turismo y a la cultura surgió en 1930, a iniciativa del recién fundado Instituto Colombino y del alcalde Eduardo Ruiz Gollury (su director), que logró que Alfonso XIII, que estaba en Cádiz tras la jura de bandera del Infante Don Juan en San Fernando, visitara el 29 de octubre las canteras Rayson, La Mujer y Gigante (FOT. 9). Pero todo quedó en agua de borrajas. Y transcurrido casi un siglo, en las mismas seguimos.
Enrique Pérez Fernández y J.J. López Amador












