En su mayor parte, las canteras de la Sierra de San Cristóbal que han llegado a nuestros días se formaron y explotaron desde comienzos del siglo XV a los primeros años del XX, cuando la extracción de piedra al modo tradicional se perdió. Época de esplendor y prestigio que comenzó con la construcción de la catedral de Sevilla (FOT. 1). Por ello, puede afirmarse que una parte de la Sierra está en Sevilla formando la estructura -cuerpo renacentista de la Giralda incluido- de la mayor catedral gótica del mundo, al tiempo que al extraerse la piedra se crearon grandes espacios que se asemejan a catedrales “en negativo”.
Del vínculo de las canteras con la catedral hispalense se ha ocupado en dos monografías el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla Juan Clemente Rodríguez Estévez. En la documentación más antigua que de la obra se conserva, de 1433, ya consta la procedencia portuense de la piedra, que entre 1497 y 1527 era el 99%, en su mayoría sillares. De 1528 a 1570 se extrajeron unas 47.000 carretadas. Sobre la entrada a una de las canteras se conserva el símbolo del Arzobispado Hispalense, la cruz patriarcal con dos travesaños (FOT. 2).
Canteros y carreteros compartieron un trabajo complementario, y también ser los devotos de la ermita de Santiago de los Canteros. La piedra se traía a El Puerto en carros tirados por mulas por el viejo camino de Sidueña (el de El Portal no se abrió hasta fines del s. XVIII), cuyo trazado parcialmente subsiste dando comienzo al pie de Doña Blanca, en linde a las marismas del Guadalete y desembocando frente a la cañada del Verdugo.
En la ciudad la piedra se embarcaba rumbo a Sevilla por el Guadalquivir para descargarla junto a la Torre del Oro, en el muelle del Arenal. Se conoce que en el Guadalete, en 1499 el cantero portuense Juan Martínez fue el encargado de construir un muelle exclusivo para el embarque a la catedral sevillana.
Otros edificios levantados en Sevilla con la arenisca de San Cristóbal fueron la colegial del Salvador (FOT. 3) Archivo General de Indias (antigua Lonja de Mercaderes), Ayuntamiento (FOT. 4), el monasterio de San Jerónimo y el hospital de las Cinco Llagas (hoy Parlamento de Andalucía).
En Jerez, con la piedra de San Cristóbal se construyeron edificios tan notables como la catedral, la iglesia de Santiago (FOT. 5), parte de la Cartuja o la torre de la Atalaya de la iglesia de San Dionisio (donde se recibían los avisos de las torres-vigía de Doña Blanca y de la ermita de San Cristóbal cuando había incursiones piratas en la Bahía) (FOT. 6).
Y en El Puerto, entre otros muchos inmuebles y obras que pueden nombrarse, el Castillo de San Marcos, el monasterio de la Victoria (FOT. 7), la Basílica Menor de Ntra. Sra. de los Milagros, casas-palacio como la de las Cadenas, la de Roque Aguado, Aranibar, Purullena, o la Casa de los Leones y la de las Cuatro Esquinas, o el acueducto de La Piedad y la Fuente de las Galeras (FOT. 8).
También se empleó asiduamente la piedra en Cádiz, por ejemplo, en buena parte de la estructura de la catedral, o en San Fernando en el Arsenal de La Carraca.
Son buenos ejemplos los mencionados que hablan por sí de la importancia y la estrecha relación que tuvieron las prestigiosas canteras de la Sierra de San Cristóbal con la historia y el urbanismo de El Puerto, Jerez y Sevilla y sus monumentos más señeros. Y en la propia Sierra quedan las espléndidas huellas de aquella actividad que nos legaron unos canteros que fueron mucho más que expertos artesanos de un durísimo oficio, artífices de un excepcional patrimonio histórico que estamos obligados a dejar en las mejores condiciones a las generaciones futuras. Son las canteras, como sentenció el urbanista César Manrique, ‘puro Arte Moderno’.
J.J. López Amador y E. Pérez Fernández










