La catástrofe de 1779

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El 14 de febrero de 1779, fecha de la que se han cumplido 243 años, estuvo marcado en nuestra ciudad por la tragedia. En el transcurso de la inauguración del puente de barcas de San Alejandro, el primer puente construido en la Edad Moderna para comunicar ambas orillas, debido a la gran muchedumbre que se acumuló encima de las compuertas, el puente se hundió, con el trágico balance de mas de un centenar de personas fallecidas.

Sor María Gertrudis Hore ‘La Hija del Sol’, poetisa dieciochesca y religiosa descalza de la Purísima Concepción de Cádiz, recoge tres días después este triste episodio en un romance endecasílabo, estudiado por la doctora Frédérique Morand (Hispania. Vol 66, 2006), del que por su precisión histórica extraemos los siguientes cuartetos:

Dígalo entre otros muchos espantosos/ sobre los más Recientes de estos tiempos,/ el más imponderable duro golpe,/ que ha de llorar eternamente el Puerto./

Llegó aquel instante apetecido, /del día fatal Catorce de Febrero, / Domingo Carnaval, donde los gustos, / buscan Correspondencia a los deseos. /

A las once del día, en que impaciente/ el Confuso Concurso de aquel Pueblo, / por Siglos numeraba los minutos,/ que tardaban lograrse sus proyectos. /

Soberbio Puente que pretendió osado/ dominar las corrientes, poner freno,/ a las rápidas olas de océano/ cual si fuesen de Arroyo manso y quieto./

Al grave peso faltan las Bisagras / que desquició el empuje de los Leños/sin poderlo estorbar las ligazones/ de las duras Cadenas ni los Pernos./

De la máquina toda desunida/ cayeron dislocados los Maderos,/ siendo cada pedazo a competencia/ estrago más voraz y más Sangriento./

En un minuto solo pude verse/ los pocos que mirar libres pudieron/ ¡cuan falible, y errado es el dictamen/ del humano discurso, y sus proyectos!/

Los mismos Concurrentes que juzgaron/ hallarse de delicias Satisfechos,/ en el instante propio destrozados/ de la Parca terrible se advirtieron./

Aquellos que en el lance se libraban/ del impulso mortal de algún fragmento/ en las ondas quedaron Sofocados/ sin poderlos valer ni aun el lamento./

De las listas sacadas a esta Fecha/ se registra llegar a grande excelso,/ los Cadáveres tanto conocidos/ como otros que quien son aun no sabemos/

De oficiales, de Jueces, Sacerdotes,/ Religiosos, de Nobles, y Plebeyos,/Damas de todas Clases, y de Niños/ estas listas Componen sus Contextos./

La Madre ve expirar sus Caras hijas/ el Consorte a su Esposa ve muriendo/ y no pudiendo darles el Socorro/ todos quieren morir para no verlos./

En los brazos del Padre el tierno Infante/ extraído de las olas Casi Yerto,/ ensangrentado, herido, y palpitante/ despide su vital postrer aliento./

Tras el accidente, y una vez se realizadas las obras de reparación necesarias, se abrió de nuevo el puente el día 25 de febrero, dándose la curiosa circunstancia de que muchas de las personas que pasaron por el mismo eran de las que se habían caído unos días antes.

Manolo Morillo

1779. “Plan del Puente de San Alexandro del Puerto de Santa María”. A.H.M.S. Tomado de GALLÉ, J. M. B. (2012).
1783 Detalle del puente de barcas.Sánchez, Mariano Ramón. Óleo sobre lienzo. “Vista de El Puerto de Santa María”. Museo de El Prado. Núm. de catálogo P001151.

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