Esta casa-palacio conocida comúnmente por el título nobiliario de sus últimos moradores, los marqueses de Arco Hermoso (FOT. 1), remonta su origen a inicios del siglo XVIII.
Según recogen González Toraya y Ramírez León (“Resultados arqueológicos e históricos…” Cuaternario y Arqueología. ASPHA, 2010, pp. 324-330) fue erigida para su residencia por Don Fernando Francisco de Reinoso Mendoza, miembro de la tercera generación de una de las familias más importante de la oligarquía portuense del Setecientos, cuya casa principal se conserva en el número 2 de la plaza del Polvorista.
Emplazada en el Barrio Alto, próxima a la que unas décadas más tarde levantara el Marqués de Camporreal y Purullena, posee doble fachada a las calles Conejitos y Durango (FOT. 2) –donde se sitúa la entrada principal–, si bien inicialmente debió ocupar una extensión mucho mayor que la actual.
Tras el fallecimiento de su propietario, soltero y sin descendencia directa herederos, a lo largo de las siguientes centurias la casa fue objeto de diversas segregaciones y cambios de titularidad, incluso en el Padrón de 1794 figura como ‘Casa Hospicio de los Padres Trinitarios Descalzos’ (“Resultados arqueológicos…”, 2010, pp. 328). A principios del presente siglo se planteó su remodelación interior y la construcción de viviendas, iniciativa que no llegó a completarse, llevándose a cabo únicamente en 2007 la preceptiva intervención arqueológica. A partir de esa fecha la finca quedo en estado de abandono.
De sobria apariencia exterior (FOT. 3), en la fachada de la calle Conejitos destaca una hornacina que remata la parte central de la tapia que cierra la propiedad al exterior. Se trata de un nicho con arco de medio punto decorado con una venera y jarrones laterales que debió acoger en su momento una escultura (FOT. 4).
Como era habitual en estos palacios barrocos, la vivienda del propietario se situaba en la planta alta. En planta baja tenía el patio principal, en este caso con arcos rebajados y moldurados en tres de sus frentes (FOT. 5). El resto eran dependencias administrativas, almacenes, bodegas y cuadras. Asimismo, contó con capilla (FOT. 6), de una sola nave, con cúpula sobre pechinas y decorada con pinturas dieciochescas y un extenso jardín con una fuente de singular decoración, tal vez una de las más antiguas existentes en la ciudad (FOT. 7).
Pero, sin duda, el elemento más conocido de la casa, cuya silueta destacaba en la zona alta de El Puerto, fue su torre-mirador, lamentablemente casi perdida a causa de un derrumbe acaecido en 2015. Perteneciente al tipo conocido como de “sillón” (FOT. 8), en el que, a modo de respaldo de asiento, un cuerpo elevado ocupaba la mitad de la planta, estuvo decorada con los característicos pináculos de cerámica sevillana, y rematada con una veleta representando a San Miguel venciendo al mal.
Tras su abandono en 2007 la casa ha ido entrando en un progresivo proceso de ruina Esperamos que una pronta intervención permita recuperar al menos en parte sus elementos históricos. –
RGR










