La «calle Larga» del Guadalete. El río que nació hace 300 años (IV)

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Cuando el ingeniero Antonio Osorio presentó al Cabildo portuense su fallido proyecto para abrir un canal entre el San Pedro y la madre vieja del Guadalete, andaba trabajando en un plan para la limpia de la barra del Guadalete, obstruida por bancos de arena que desde décadas atrás dificultaban muy seriamente la navegación y, por tanto, el presente y el futuro de la ciudad. A partir de entonces la prioridad de El Puerto iba a ser el reparo de la boca del río (Fot.1).

Desde el traslado del invernadero de las galeras reales a Cartagena en 1668 por la difícil y peligroso que era cruzar la barra, los intentos para limpiarla fueron constantes, pero la falta de fondos económicos aplazó tan principal obra hasta que en 1698 el Consejo de Castilla concedió a la ciudad licencia para imponer un arbitrio a las mercancías que entraran en la Aduana y aplicarlo al reparo de la barra.

El problema de la imperecedera barra del Guadalete radicaba en dos factores naturales: los sedimentos que el río arrastraba hasta su desembocadura, y las arenas volanderas del litoral que los vientos reinantes -un grano sí hace granero- depositaban en la boca, para cuyo remedio, a partir de 1632 y con el fin de fijarlas, se sembraron de pinos el Coto de la Isleta y los arenales desde La Puntilla al fuerte de Santa Catalina.

El dragado aprobado, dirigido por Osorio, se realizó entre mayo y junio de 1699, empleándose en la tarea un barco-pontón con cuatro palas y cinco embarcaciones menores en las que trabajaron 8 oficiales y 55 peones (Fot. 2).

Pero los trabajos no dieron el resultado esperado, por lo que al paso de unos meses Osorio informó al Cabildo que la única opción posible era que “sin dilación se corten los dos tornos del río más próximos a la ciudad, llamados de la Victoria y de la Esparraguera, de modo que formen una línea recta.” 

Y sin dilación, como pedía Osorio, las obras comenzaron el 5 de julio de 1700, dirigidas sobre el terreno por el capataz portuense Andrés Garzón. Con esta actuación, abriéndose un canal recto entre ambos tornos de la madre vieja, distantes entre sí 1.200 metros, se preveía que el agua, fluyendo por el nuevo canal con más fuerza, iría quitando los bancos de arena de la barra y facilitaría la navegación a los barcos que remontaban el río para hacer las aguadas en los manantiales de La Piedad. Así, el atajo del Caño de la Madre Vieja, como lo llamaron, acortaría la distancia unos 2.500 metros (Fot. 3).

La obra incluyó la construcción de una esclusa o dique junto a la boca inmediata a la ciudad, por donde el canal, decía Osorio, “recoja agua todo el tiempo que monta la marea, quedará un almacén de más de 12.000 varas, y plena la marea se cerrarán las puertas, que no se abrirán hasta el agua escorada. Esta agua detenida, con la violencia que saldrá, podrá arrancar en todas las mareas los bancos de arena de la barra.” La esclusa se construyó entre el 4 de enero y el 7 de febrero de 1701, mientras continuaban las tareas de apertura del canal, que se prolongaron hasta comienzos de septiembre.  

El caño de la madre vieja ha llegado a nuestros días parcialmente, algo menos de la mitad de su curso original, que en parte aún se percibe entre las parcelas del polígono industrial que ocupa el espacio de la desaparecida madre vieja (Fot. 4). Hoy su cauce se encuentra prácticamente cegado, cubriéndose solo de aguas superficiales en las pleamares. 

En 1815 se construyó sobre su curso el molino mareal harinero que desde entonces da nombre al caño, rehabilitado en 2012 y hoy sede del restaurante «Aponiente» (Fot. 5).

La apertura del caño del Molino fue un intento fallido para que sus aguas limpiaran la barra del Guadalete, que tanto frenaba el comercio marítimo. Era preciso ejecutar otra obra hidráulica de mayor envergadura, que se plasmó al paso de 20 años, en 1721-22. –

Enrique Pérez Fernández.

1.- Aterramiento del Guadalete frente a la ciudad. ABC de Madrid 17 julio 1921 (facilitada por Javier Seren)
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2.- Con otros medios pero la misma secular labor de dragar la barra. Archivo Municipal, década de 1970
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3.- El caño del Molino en plano del Servicio Geográfico del Ejército, 1750
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4.- Curso del caño antes de construirse el polígono industrial El Palmar. Archivo Municipal.
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5.- La cegada embocadura del caño del Molino. Foto, Agustín García Lázaro

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