Según consta en un certificado registral existente en el archivo histórico de la bodega Caballero, Manuel Domecq Víctor edificó las dos bodegas en un solar conocido como El Picadero que había comprado a Dña. Juana María de Vega. Esta lo había comprado a su vez a una capellanía de la Iglesia de la Aurora en el año 1844 y había construido una bodega en la calle San Francisco, que sería muy probablemente la conocida actualmente como Puerto Fino (FOT. 1).
Después de varias compras sucesivas todas las bodegas fueron adquiridas por el comerciante gaditano Joaquín Retortillo Imbrechtz que vendió la segunda bodega construida por Manuel Domecq Víctor a D. Rafael Lafitte, bodega que con el paso del tiempo fue demolida y en su solar se debieron construir las actuales oficinas.
La primera bodega la vendió a Joaquín Febres Artigas en el año 1872 (FOT. 2 y 3) que fue esposo de Mª Teresa Ibáñez Ruiz-Tagle, descendiente directa de las influyentes familias de comerciantes de origen montañés afincados en Cádiz y El Puerto Ibáñez Pacheco y Ruiz Tagle. Diego Ibáñez Pacheco era natural de Puente de San Miguel, municipio de Reocín, próximo a Santander. Emigró a esta región en el último tercio del siglo XVIII y fue nombrado caballero hijodalgo y regidor perpetuo del consistorio portuense (FOT. 4) . Por su parte, Antonio Ruiz Tagle construyó en nuestra ciudad las bodegas de San José y Campbell .
La bodega la heredó su hijo Joaquín Febres Ibáñez, cuyos hijos dividieron la propiedad de los dos cascos y después de varias transmisiones testamentarias pasó a propiedad de José de la Cuesta Aldaz, al que Luis Caballero compró la bodega y todas sus propiedades inmobiliarias en el año 1939.
Los vinos criados en estas bodegas se debieron usar sobre todo para suministrar a otras bodegas exportadoras o para consumo local, pues mientras las bodegas Retortillo aparecen muy fugazmente en las listas de exportadores, las de Febres no aparecen en el período en el que están disponibles 1830-1877, aunque ambos se encuentran en el Registro Industrial y de Comercio de nuestra ciudad todos los años de su actividad. Estas bodegas se suministraban de uva de la viña Ochavico en el pago de Los Tercios, próxima a la linde de los términos municipales de El Puerto y Jerez, cuya propiedad mantuvieron los descendientes de la familia Febres hasta los años 60 en el que la vendieron a sus aparceros, la familia Chernichero que la conserva en la actualidad.
La familia Febres tuvo su casa familiar en la casa palacio de la calle San Bartolomé 25 donde llegaron a convivir tres generaciones (FOT. 5). Esta casa, que cuenta con una espectacular montera que cubre su patio central, ha sido rehabilitada recientemente y transformada en apartamentos en una obra muy respetuosa con su estructura original (FOT. 6).
Como era habitual en aquel tiempo, la familia Febres emparentó con otras familias de la aristocracia bodeguera local, como las familias Vergara, Ruiz-Golluri y Osborne. Como ejemplo, Fernando Osborne Guezala, hermano del II Conde Osborne, se casó con María Teresa Febres Vergara, aunque esta murió joven y sin descendencia en año 1916. Posteriormente, él se casó en segundas nupcias con su prima hermana Rufina Vergara, mujer muy piadosa que hizo muchas obras de beneficencia en la ciudad en los tiempos convulsos de la guerra civil y la posguerra. Por ello fue nombrada Hija Predilecta de la ciudad y el ayuntamiento rotuló con su nombre la calle Misericordia que con posterioridad recuperó su actual nombre.
Como homenaje a su primera esposa, Fernando Osborne Guezala encargó la reforma de la fachada de su casa palacio en la calle Larga 126 (FOT. 7) copiando la fachada de la casa de sus suegros en la calla San Bartolomé 25 (FOT. 8) (Archivo Histórico Municipal, Sección Policía Urbana, Año 1903 Exp. 33).
Los autores agradecen a Magdalena Rodríguez Lara la información aportada sobre sus antepasados de la familia Febres
Juan Gómez Benítez y Juan Ortega Álvaro










