Conjunto de viviendas situadas entre la calle de Palacio y el paseo del Vergel del Conde (actual avenida de Micaela Aramburu) (FOT. 1 y 2) en un enclave estratégico, muy cerca del río Guadalete y de los muelles, epicentro de la actividad comercial de la época. Deben su nombre a su promotor Antonio Vicuña y Goenaga quien las mandó construir en 1781 para viviendas de alquiler.
Vicuña y Goenaga, de origen guipuzcoano, fue un destacado personaje de la oligarquía comercial portuense de la segunda mitad del Setecientos. Vinculado a los negocios de la Carrera de Indias, llego a ocupar importantes cargos en el Consulado de Comercio de Cádiz entre 1774 y 1776 https://www.juntadeandalucia.es/sites/default/files/2020-04/1_1492_comerciantes_navarros_vascos_en_cadiz.pdf
Su matrimonio con María Josefa Echave y Barrios, sobrina y heredera de Jacinto José de Barrios San Juan, lo emparentó con una de las grandes familias de la elite de comerciantes. Obtuvo ejecutoria de para él y sus hijos 1775, siendo recibido como tal ese mismo año en el Cabildo portuense, donde ocupó diversos cargos
Como era costumbre entre la burguesía mercantil del momento Vicuña invirtió parte de sus beneficios en inmuebles urbanos para su explotación en régimen de alquiler, interesante fórmula de inversión debido a las necesidades de vivienda de una ciudad portuaria en crecimiento.
Al estar concebidas para albergar a varias familias o inquilinos de alto poder adquisitivo—consta documentalmente que, en 1797, dos de las tres fincas estaban ocupadas por militares de alto rango, — su tipología difiere de las conocidas casas-palacio. https://revistadehistoriade-elpuerto.org/contenido/revistas/68/68_estudios_01.pdf
El conjunto está formado por tres unidades independientes, dos con acceso por calle del Palacio (núms. 2 y 4) (FOT.3) y la tercera orientada hacia Micaela Aramburu (núm. 10) (FOT. 4). Todas ellas se estructuran en cuatro plantas separadas por cornisas. Las fachadas comparten un lenguaje estilístico homogéneo caracterizado por grandes ventanales y balcones en las plantas primera y segunda y ático de menor altura. Puntualmente se abren huecos ovalados de menor tamaño, correspondientes a las escaleras (FOT. 5).
Un elemento singular y escasamente presente en la arquitectura portuense, es la utilización de piedra ostionera (FOT. 6) para revestir las fachadas de las dos plantas inferiores, mientras que en los niveles superiores se recurre r a la característica calcarenita procedente de la sierra de San Cristóbal
Aunque la extracción de piedra ostionera en las canteras situadas en el espacio intermareal del Fuerte de Santa Catalina (FOT. 7). está documentada al menos desde el siglo XVII, cabe barajar otra procedencia para este caso concreto.
Es altamente probable que estos sillares provengan de la demolición efectuada tres años antes, a fines de 1778, de la cercana y ya ruinosa Capilla de las Galeras, derribada con motivo de la construcción del Vergel del Conde. Según recoge E. Pérez Fernández en su obra "El Vergel del Conde y el Parque Calderón p.23-24" dicho templo fue construido “empleando para ello piedra extraída de las canteras del Castillo de Santa Catalina”, señalando que el material de construcción desmantelado fue vendido y se empleó en obras de la ciudad. -
R.G.R.









