Lápida sepulcral de Juan de Vizarrón y Araníbar (I). – Historia

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Juan de Vizarrón y Araníbar (1658-1737), miembro de una rica familia navarra de comerciantes y armadores afincada en El Puerto de Sta. María a mediados del siglo XVII, padre de seis hijos de su matrimonio con Catalina Polo Navarro, caballero de la Orden de Alcántara y sobrino de Juan de Araníbar, fue una de las grandes fortunas de aquella etapa de esplendor de esta ciudad. Su palacio de la pl. del Polvorista fue residencia de los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio en tres ocasiones, cuando ésta pasa a la Corona en 1729 (FOTO 1).

Más que de estas glorias traemos a esta página justo lo contrario, lo que ha permanecido, su lauda sepulcral. Hombre caritativo y amante de las artes, se convertiría en uno de los más grandes benefactores y mecenas del barroco portuense. Ahora nos interesa relacionarlo con dos importantes edificios: el hospital de la Santa Caridad y el monasterio de la Concepción de El Puerto, en cuya iglesia conventual se conserva su lápida.

HISTORIA. Las laudas de los benefactores del hospital de la Santa Caridad (hoy, de San Juan de Dios) desaparecieron tras la reforma de 1916 y fueron sustituidas por la colectiva que ha llegado a nuestros días (FOT. 2) colocada en el antepresbiterio de su capilla. En la inscripción se indica quienes fueron los “Señores sepultados en el Hospital de San Juan de Dios Bienhechores de esta Santa Casa”. Y el primero de estos diez bienhechores en enterrarse en dicho espacio sagrado (el 14 de noviembre de 1691, según la inscripción) fue D. Juan de Vizarrón y Araníbar.

En cambio, en la lápida de la Concepción figura la fecha de 1732 (FOT. 3). Ambas fechas nos despistaban, máxime teniendo en cuenta que en el libro de defunciones del archivo de la Prioral se indica que este ilustre cargador a Indias falleció y “se enterró el 5 de abril de 1737” en el hospital de la Caridad.

En un principio pensábamos que la lápida había sido trasladada desde el hospital hasta la Concepción debido a las reformas de 1916, por haber sido también benefactor en las obras de reconstrucción del convento en el primer cuarto del siglo XVIII o por haberse tenido en cuenta que su hija Clara Vizarrón se enterró en 1764 en la cripta hoy cubierta por la lápida de su padre (González Luque, F. (2026): “Patrimonio mueble en el hospital de la Caridad de El Puerto de Santa María”. Págs. 186-190). A estas hipótesis añadimos otra que consideramos más factible: la lápida de Juan de Vizarrón y Araníbar siempre estuvo en la Concepción.

Al estar fechada en 1732, fue labrada en vida de quien fallecería cinco años después. Es muy posible que en cuanto finalizaron las obras de reconstrucción del convento de la Concepción (la iglesia conventual se bendijo en octubre de este año y al mes siguiente ya se abría al culto) Vizarrón comprara los derechos de sepultura y eligiera el falso crucero de su iglesia para el descanso eterno. Así lo atestiguan las capellanías y diversas fundaciones piadosas con destino a este monasterio y las numerosas donaciones aportadas para culminar su reforma. No era infrecuente que se encargara la lápida con años de antelación al fallecimiento (cinco en este caso), algo propio del estatus de nobles e hidalgos de aquella época.

Pero en 1737, en sus disposiciones fúnebres definitivas, Juan de Vizarrón decide renunciar a los honores de su ostentosa sepultura de mármol de la Concepción. En cambio, el acto litúrgico y piadoso del entierro con hábito franciscano tuvo lugar, también por disposición personal, en la iglesia del hospital de la Santa Caridad, como un acto de fe y humildad propios de la mentalidad barroca.

Es más que probable, pues, que este acaudalado comerciante y bienhechor de ambas instituciones encargara la sepultura en la Concepción como otra propiedad material de los Vizarrón a modo de lápida votiva familiar que taparía un panteón vacío y que las religiosas respetaron, quedando la fosa intacta esperando a sus herederos. De hecho, como ya hemos señalado, en dicha sepultura se enterró casi treinta años después (el 9 de abril de 1764) una hija de Juan Vizarrón, la digna heredera, poderosa y rica Cargadora a Indias, entonces ya marquesa viuda, Clara Vizarrón, también gran benefactora del convento. Y lo hizo bajo los peldaños que separan el antepresbiterio de la capilla mayor en la iglesia concepcionista de esta ciudad (“en su boveda propia”, como se indica en el “Libro de asientos de entierros” conservado en el archivo conventual). –

Francisco González Luque

1. Antigua imagen de la portada del palacio de Vizarrón Araníbar en la Plaza del Polvorista
2. Lápida en la capilla del hospital de la Santa Caridad de El Puerto
3. Lápida de Vizarrón Araníbar en el falso crucero de la iglesia concepcionista

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