Iconografía para paseantes curiosos: Adán y Eva

A veces, cuando observas un edificio, una obra de arte, un monumento, te quedas absolutamente maravillado por la perfección, la belleza de lo que estás contemplando. Sin embargo, a pesar de la belleza indudable, puede quedarte la sensación de que algo se te está escapando, que no acabas de comprender el sentido total de esa obra, o más bien, tienes la intuición de que esa obra de arte te está hablando, y que sin embargo algo, por alguna razón, no acabas de entender. 

Eso es lo que me pasó hoy cuando contemplando la fachada principal, La Puerta del Sol de la Iglesia Prioral, tenía la sensación de que en ella había una mirada que trataba de decirme algo, que trataba de comunicarse conmigo y que, sin embargo, yo no era capaz de ver, de entender. Es por ello que, a pesar del calor de la mañana, me quedé mirando fijamente la gran fachada tratando de encontrar esa mirada que estaba intentando comunicarse conmigo. 

A mi alrededor seguí el bullicio de la mañana, hombres y mujeres que con las bolsas venían de la compra, o los niños y niñas que con los patinetes, los balones, jugaban en la plaza. Allí parado debía de llamar la atención, ajeno a todo, buscando una mirada. De pronto, la descubrí, semioculta en el extremo de la fachada a la altura del dintel que corona el arco de la puerta de entrada, la figura casi destruida de una mujer encuadrada por unas hojas de árbol, que trataba de situarla en un contexto. Al otro extremo, una cabeza masculina, esta sí entera, hacía pareja con ella. El contexto vegetal, tratando de aludir al árbol del Conocimiento de la Ciencia del Bien y del Mal nos permitía identificar a las figuras como Adán y Eva, aunque ella, la mujer estaba casi completamente destruida.

¿Por qué estas figuras en la fachada? Eva, casi destruida, sin apenas rostro, intentaba darme una explicación. La Iglesia quiere decir que por la desobediencia de Eva, y después de Adán, fueron expulsados del Paraíso, trayendo la desgracia y destrucción para el género humano, lo que acarreó, las enfermedades, la muerte y trajo consigo que para lavar ese pecado, cuya causante fue la mujer, Cristo hubo de venir al mundo y morir. Sin embargo, Eva estaba tratando de darme una explicación mucho más lógica: La serpiente me ofreció un fruto, una manzana, o tal vez fuera un higo, lo mismo da, el caso es que me dijo que si lo comía obtendría el conocimiento, pero a cambio perdería la inmortalidad. Sopesé las dos posibilidades, inmortal e ignorante o mortal y con posibilidad de conocer, de aprender, de saber. Elegí el conocimiento, pero Yahvèh no quiso permitir que pudiera, conocer, aprender y pensar por mi misma, por lo que me expulsó del Paraíso. Pero no me arrepiento de mi decisión.

Adán seguía callado. A pesar de faltarle casi todo el rostro a Eva, sus palabras llegaban nítidas hasta mi. La saludé con un gesto de admiración y me despedí de ella. Menos mal que existió Eva, pensé para mi. 

Antonio Aguayo 

Adán y Eva
La Puerta del Sol de la Iglesia Prioral y detalle de figuras de Adán y Eva

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