Hasta la Edad Media la prisión fue concebida con carácter general como lugar de custodia del delincuente hasta el momento del cumplimiento de la pena, constituida fundamentalmente por penas corporales, pecuniarias y de muerte (Sánchez Sánchez , C. 2013)
El encierro preventivo, como técnica de custodia a la espera del juicio, da paso a comienzos de la Modernidad a la prisión como pena propiamente dicha, si bien en España no es hasta el siglo XVIII cuando la prisión adquiere su propia autonomía como lugar de cumplimiento de la condena en sí misma.
Dos documentos gráficos nos permiten una aproximación a estos antiguos centros carcelarios en El Puerto
El primero (FOT. 1 izquierda), es un dibujo fechado en torno a 1580 perteneciente a la colección del el Archivo Ducal de Medinaceli (Toledo), cuyo título reza: “Fachada de la cárcel del Puerto y casa del Corregidor”
Analizado por varios autores (Romero Medina, González Moreno, Sánchez González) muestra que el edificio era de cantería rematado en merlones piramidales. La puerta se encuentra en el centro donde pone “cárcel”. A la derecha se indica “la entrada del cuarto del corregidor para los altos”. En el mismo destaca su balcón central flanqueado por dos columnas de estilo plateresco, que cobijaban el escudo ducal de Medinaceli. Se ubicaba en la calle llamada entonces Arco, actual calle Palacios, habiéndose identificado con el edificio que aún permanece, aunque muy modificado (FO. 2 derecha), en la confluencia de las calles Palacios y Micaela Aramburu que fue luego aduana ducal.
Aunque no poseemos más datos respecto a sus características ejemplifica el antiguo sistema en el que los presos estaban recluidos en locales construidos para otras finalidades y que por su seguridad eran aptos también para este fin.
Tras la incorporación de El Puerto a la Corona, en 1729, la cárcel pasó a ser titularidad del ayuntamiento. Desde entonces, el cabildo municipal asumió el objetivo de trasladarla a un edificio más apropiado y destinado en exclusiva a prisión. Edificio que, tras varios intentos frustrados, fue levantado en la calle Curva en 1787 (FOT. 3).
Un detallado plano, trazado en 1819 por el maestro mayor de obras de El Puerto Diego Montero, fue dado a conocer por J. J. Iglesias en su artículo sobre las cárceles gaditanas del Antiguo Régimen (Rev. Hist. de El Puerto 64) (FOT. 4).
Por lo que respecta a la planta y las dependencias del edificio, este se distribuía en dos pisos principales, bajo y alto, y en cuatro niveles, pues entre dichos pisos existía una entreplanta, y sobre la superior había un mirador. Además de cuarto de guardia, calabozos, cocina, habitación del alcaide, patio para ventilación de las dependencias, contaba con sala de audiencias, enfermería, celdas de mujeres y oratorio, por lo que El Puerto, a diferencia de otras poblaciones gaditanas, contaba en el XIX con una prisión adecuada y acorde a sus necesidades.
Como deposito carcelario permaneció en dicho emplazamiento (FOT. 5) hasta su derribo en 1983 para construir el establecimiento hotelero allí existente. -
R.G.R.






