En la esquina de la plaza del Ave María, —en el cruce de las calles San Francisco y Cruces— permanecía desde hace un cuarto de siglo a modo de fantasma urbano el esqueleto de un edificio a medio construir, cuyas obras se paralizaron a raíz de la crisis inmobiliaria de 2008 (FOT. 1).
En su origen se trataba de una característica vivienda popular del Barrio Alto, con una sola planta, gran patio central y azotea apretilada rematada en una especie de almenas, lo que Suarez Ávila denomino “bluendes” (FOT. 2).
La construcción original debió de ser del siglo XVIII. Así lo indica su portada de piedra, con su moldura serpenteante rodeando el vano de la puerta y sus pilastras a cada lado (FOT. 3), único elemento decorativo que ennoblece un conjunto de gran sencillez compositiva.
Aunque nos temíamos que esa portada engrosara la lista de nuestro patrimonio perdido, afortunadamente ha regresado a su lugar. Es un recordatorio de que son los pequeños detalles los que devuelven la dignidad a nuestras calles; porque, en los detalles, es donde las ciudades se hacen grandes (FOT. 4).-
R.G.R.






